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Victoria parcial, riesgo total: la pesca de bajura frente al Reglamento de Bruselas
Se ganó una batalla, pero no la guerra. La pesca de bajura puede respirar, pero aún no cantar victoria. La reciente flexibilización anunciada por el Gobierno español en la aplicación del Reglamento de Control comunitario ha sido recibida como un alivio largamente esperado por el sector. Y lo es. Pero conviene no engañarse: se ha ganado una batalla, no la guerra. El conflicto de fondo sigue abierto y su escenario decisivo no está en los puertos, sino en Bruselas.
Tras meses de incertidumbre, movilización y presión institucional, España ha logrado introducir una medida transitoria que atenúa, de forma temporal, el impacto de una normativa diseñada sin tener suficientemente en cuenta la realidad de la pesca costera artesanal. Es justo reconocerlo como un logro político y sectorial, aunque provisional. La de esta semana es hoy una victoria parcial, pero un problema estructural mañana por lo que de riesgo tiene. Esa es la realidad de la pesca de bajura frente al Reglamento de Control. Opino que sería un error interpretarlo como el final del problema. En realidad, marca el inicio del momento clave: ahora es cuando hay que ir al fondo de la cuestión.
El Reglamento de Control de la Unión Europea persigue objetivos legítimos y compartidos: mejorar la trazabilidad, combatir la pesca ilegal y garantizar la sostenibilidad de los recursos. Nadie en la pesca de bajura discute esos principios. Lo que se cuestiona, con razón, es la aplicación rígida y uniforme de una norma pensada para flotas y realidades muy distintas, sin atender a las limitaciones técnicas, operativas y humanas de las embarcaciones de pequeño porte. “Quien no conoce el mar, legisla desde tierra firme”, por eso la solución pasa por escuchar al sector y adaptar el Reglamento a la realidad de este colectivo pescador.
La pesca costera de bajura no es una flota industrial; es proximidad, es dependencia diaria del mar, y del tiempo, es estacionalidad, y márgenes ajustados. Es una actividad intensiva en empleo, esencial para el equilibrio territorial y social de muchas comunidades costeras. Imponerle las mismas obligaciones electrónicas, de notificación en tiempo real o de registro inmediato que a buques de gran tamaño no refuerza el control: lo convierte en una carga burocrática asfixiante y paralizante.
Además, el mar no es una oficina. Es un entorno hostil, cambiante e imprevisible. Obligar a tripulaciones mínimas a manipular dispositivos electrónicos en cubierta, a registrar datos durante la faena o a cumplir procedimientos administrativos en momentos críticos incrementa el riesgo de accidentes y genera una inseguridad jurídica permanente. El resultado no es más sostenibilidad, sino más sanciones involuntarias y más abandono de la actividad.
Por eso, la flexibilización lograda no puede ser un punto final, sino un punto de partida. Es ahora cuando el Gobierno de España “con la pelota en su tejado”, y las fuerzas políticas que nos representan en Bruselas, deben demostrar si existe una voluntad real, para defender en Europa una normativa más justa, proporcionada e inteligente. Hay que tener unidad de acción entre todos los representantes políticos y dejar de lado las directrices partidistas porque esto es muy serio, el riesgo es real, existe. Reforzar el control no significa endurecerlo indiscriminadamente, sino adaptarlo a la realidad de cada segmento de flota, y eso es lo que se pide: contemplar la especificidad de este segmento: adaptar la normal a una flota que opera con medios limitados en un entorno imprevisible y con una elevada función socio-económica.
La pesca artesanal ya es, por definición, – concepto que en Europa nunca tuvieron claro-, uno de los modelos más sostenibles: bajo impacto ambiental, artes selectivas, y conocimiento tradicional del medio. Castigarla con un exceso de burocracia no mejora el sistema, pero sí acelera su desaparición, dejando espacio a modelos menos equilibrados.
Queda mucho trabajo por delante. La contienda continúa y exige constancia, unidad y determinación. Pero esta primera batalla ha demostrado algo fundamental: la pesca de bajura se puede y se debe defender. En Bruselas se decide el futuro, y allí no puede faltar la voz de quienes faenan cada día a pocas millas de la costa, sosteniendo una actividad esencial que merece normas justas y adaptadas a la realidad imperante. El Gobierno de España debe usar su peso en la UE para adaptar el Reglamento de Control a la realidad de la pesca de bajura, no para aplicarlo de forma ciega. España puede y debe liderar en la Unión Europea, una reforma del Reglamento de Control que introduzca flexibilidad, proporcionalidad, y excepciones específicas para la flota costera de bajura y artesanal, defendiendo moratorias, adaptaciones técnicas, y un calendario realista que garantice el control sin poner en riesgo la viabilidad, la seguridad y el futuro del sector. Urge conseguir establecer un régimen diferenciado para la diversidad de la flota costera de bajura, introducir flexibilidades prácticas a base de proporcionalidad, planificación administrativa adecuada y una aplicación proporcional ajustada al mapa real de la actividad.
Como dice un refrán marino “A mar revuelta, buen timón”, solo con normas inteligentes, adaptadas y flexibles, la pesca artesanal podrá capear el temporal y mantener viva una actividad esencial para nuestras costas y comunidades de todo el litoral español.
¡Salvemos la pesca costera de bajura!
La Voz de Galicia – Somos Mar
Máximo Díaz – SECRETARIO DA CONFRARÍA DE PESCADORES DE CELEIRO
Fotografía: XAIME RAMALLAL


