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La lonja de Celeiro crea nuevos formatos para facilitar el consumo de pescado

La lonja de Celeiro crea nuevos formatos para facilitar el consumo de pescado

La cofradía de Celeiro, consciente de los cambios en las tendencias de consumo, impulsó la creación de una planta de procesado y envasado de productos pesqueros en la lonja gestionada por Puerto de Celeiro, que pone en el mercado un producto de calidad con el que la merluza gana valor, además de facilitar la preparación a la hora de vender y en la cocina.

El adjunto a la dirección de Puerto de Celeiro, Eduardo Míguez, explica que la idea surgió al percatarse de que “la comercialización siempre beneficiaba al punto de venta, grandes áreas o supermercados, pero nunca repercutía directamente en los productores, armadores o barcos. Por eso, la cofradía de pescadores impulsa esta iniciativa para el sector pesquero celeirense, sobre todo para potenciar que se incremente el precio en la lonja”.

El proceso arranca precisamente en la rula, donde la empresa Novomar, filial de Puerto de Celeiro, efectúa compras de merluza de volanta durante la subasta para su posterior transformación. La introducción de ese operador provoca que directamente suba el precio en la cancha. “Equilibras el precio. Nace con ese propósito, para que crezca la cotización aquí”, apunta Míguez, quien recuerda que hace tan solo un par de años el precio de la merluza era de 1 euro en la instalación durante el mes de febrero. En este sentido, recuerda que la entrada en funcionamiento de la planta de procesado provocó que “el año pasado empezó a tener un precio estable, al menos no bajó. Hoy (por el día en que visitamos la lonja) se vendió a 7 euros”, precisa.

Eduardo Míguez señala que la lonja celeirense acogió la visita de personal técnico del sello Galicia Calidade para certificar las bandejas de filetes, rodajas o colas. Estos días trabajan únicamente preparando lomos que presentan enteros y limpios en cajas de unos dos o tres kilos de peso, según requiere cada superficie comercial de alimentación.

El gerente de Novomar, Tomás Lombardía, detalla el proceso de procesado que en la actualidad realizan las nueve personas contratadas con carácter fijo, que son extrabajadores de la extinta Pescados Rubén. Míguez apunta la ventaja de contar con ese personal, debido a su experiencia, que pueden continuar desarrollando en esta planta de procesado.

La intención es que en el futuro haya dos o tres turnos. “Ahora solo trabaja uno por la mañana, ocho horas, pero a medida que se incremente la demanda aumentará la cantidad de personal que estará trabajando”, señala. Novomar ya tuvo algún día de apuro en enero, puesto que compró 40 toneladas. En ese caso colaboró su personal en la preparación y cuando necesitan más manos contratan a través de Serlabor, otra filial.

¿Cómo se procesa el pescado en la planta?
Las merluzas entran en la cinta, pasan por el desescamado, el corte de la cola y la separación de la cococha y la cabeza. Todo el desperdicio de cada pieza se vende para generar diferentes subproductos, que pueden ser desde harinas hasta comida para animales o carnada, por lo que se aprovecha todo. Incluso pueden seleccionarse para vender por separado. “Cada ejemplar que entra en la cinta se pesa al entrar y al salir, la máquina detecta a cada fileteador y automáticamente refleja el rendimiento de cada trabajador”, explica Lombardía.

El automatismo se completa con los sensores que detectan qué trabajador necesita materia prima, que les llega a través de la cinta, y cada uno incluso puede ver su rendimiento. Los operarios depositan el producto final preparado (lomos, cola o filete) en unos cubos situados delante. La máquina alimenta a los dos empleados, al que prepara los lomos y al que se ocupa de las colas. La plantilla limpia los lomos uno a uno, incluso utilizan unas pinzas si detectan algún posible anisakis tras el raspado inicial, aunque no suelen quedar a esas alturas, y después de la disección. En caso de detectarlo, envían ese ejemplar 24 horas a la cámara de congelado.

La sala cuenta con un suministrador de hielo que cae automáticamente sobre las cajas. Sitúan un plástico sobre los envases de corcho que contendrán dos o tres kilos, una capa de pescado, otra de hielo, otro plástico, más pescado y de nuevo, hielo.

El Progreso
Marita Negrelos
Fotografía: JMª ÁLVEZ

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